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La magia del tambor.
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Tocar el tambor en Hellín, este impagable privilegio que tenemos los hellineros, es adentrarse en la raíz cósmica de un suceso de la historia eterna como es la pasión de Cristo, la vivencia de una Semana Santa en la que las fuerzas telúricas de la Tierra se expresan a través del redoble de miles de tambores. Ya es pura magia de por sí que en Hellín, sin cábalas extrañas ni cálculos artificiosos, toquen unos veinte mil tambores, lo que pone en evidencia la mágica tabla aritmética de que esta ciudad tiene el mayor número de tambores del mundo.

En Hellín la vibración se acompasa como un temblor de tierra para abrir brechas en las conciencias a miles de personas a un mismo tiempo, convirtiendo a interminables hombres y mujeres en un único latido de ese corazón que late y late  sin medida y que puede escucharse como un murmullo muy lejos de las calles donde se produce.

Alrededor de una emblemática calle, El Rabal, se crea una atmósfera en la que la cordialidad, tan falta en otras ocasiones, es el mejor ejemplo de esa magia cercana, ancestral y casera que los hellineros fabricamos con dos palillos y un parche. )Hay forma más sencilla de provocar un prodigio?

El tambor siempre produce un estado alterado de conciencia, porque quien lo toca deja de ser el mismo para ser si cabe más uno mismo. Uno no termina de saber si al fundirse con sus redobles adquiere una máscara invisible que le permite sentirse desenvuelto y por lo tanto diferente, anónimo como lo es de alguna forma, o si por el contrario, el redoble  le ayuda a arrancarse el disfraz de todos los días y mostrar por unos instantes la verdadera esencia que lleva consigo.

De todos modos si el redoble del tambor es mágico es porque por más que uno quiera interpretarlo siempre presentará infinitas lecturas, en cada momento será una faceta del propio tamborilero.

Como los mitos, como los símbolos, como los arquetipos, su lectura es universal e indefinible, y ello nos consuela de estar toda una vida escribiendo sobre el mismo desde mil puntos de vista distintos y tener la amarga sensación de que no hemos sabido descifrar el milagro.

Aunque en ello, y sólo en ello, quizás esté el milagro...